martes, 3 de junio de 2014

Huertas para agricultores de fin de semana

Son ocho kilómetros, apenas 20 minutos, lo que separa a los ecohuertos, en La Calera, de la carrera séptima. Lejos del ruido, la contaminación y el asfalto, pero cerca de la ciudad, María Angélica Suárez y su hija Anni, de seis meses, remueven las malezas, riegan y observan cómo crecen fresas, zanahorias, cilantro, hierbabuena, espinaca, perejil y caléndula, especies que han sembrado en su huerto de 20 metros cuadrados. La suya es solo una de las seis parcelas que el proyecto Mi Ecohuerta ya tiene arrendadas, con el fin de reconectar a la gente con la tierra y promover un consumo responsable y sostenible.
Lesly Rubiano, ingeniera ambiental, y Ómar Ayala, especialista en gerencia ambiental, tomaron esta tendencia de Europa, donde la nostalgia por las raíces agrícolas y la preocupación por una alimentación libre de químicos han volcado a la gente a cultivar sus propios alimentos.
“Estamos cultivando la paciencia en una cultura donde todo es fácil y rápido. Muchos de los que están viniendo no tenían ni idea de cómo se siembra lo que comen. Incluso, los niños pensaban que las lechugas vienen del supermercado, y la leche del refrigerador. Aquí viven un choque, y empiezan a entender los procesos de la tierra y de la naturaleza”, dice Rubianes.
Como María Angélica y Anni, en su mayoría hay familias con niños, en las que los adultos toman como un pasatiempo cultivar aromáticas y frutales, y las generaciones jóvenes sienten que le están dando un entretenimiento con propósito a su familia. “Estamos manejando estratos 4 en adelante. En los estratos bajos todavía existe una barrera porque piensan que es una labor de los abuelos, mientras que en los altos están encontrando una oportunidad de entretenerse, aprender, y reencontrarse con la naturaleza. Justamente como no tenían ese conocimiento, se ha vuelto un plan bastante play”, explica Ayala.

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