El país latinoamericano acaba de conmemorar su Día Nacional de la Carne, una fiesta que no celebra la minoría vegetariana local, un grupo de "herejes" que busca afianzarse en el país. "Cuando un uruguayo dice que no come carne, parece que esté atacando a la tradición, es como un hereje", afirmó a Efe Hiram Miranda, que gestiona un restaurante vegano en un barrio céntrico de Montevideo.
La tradición a la que alude pasa por tener un plato típico nacional, el chivito, elaborado a base de carne y huevo, o una costumbre patria, la doma de potros salvajes de la llamada Semana Criolla, que recuerda a las costumbres de los gauchos y que para los veganos supone un claro ejemplo de maltrato animal. "Esas tradiciones todos los veganos las ven como una atrocidad, porque implican esclavitud y un sometimiento innecesario del animal", señaló a Efe Andrés Prieto, presidente de la Unión Vegetariana del Uruguay (UVU).
Para este activista, "ser vegano en Uruguay es todo un desafío" ya que el país "viene de más de un siglo de vivir a expensas de los animales", a través de la ganadería, la industria cárnica o la producción de materias primas de origen animal como el cuero o la lana.
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