martes, 5 de agosto de 2014

Ven caimanes en el Tayrona; ¡no se asusten, hay que celebrar!

Hace unos días, la Oficina de Parques Nacionales Naturales lanzó una alerta general: había presencia de caimanes aguja en el parque Tayrona, cerca de Santa Marta, uno de los más famosos y visitados del país.

Un caimán que reposa en algún lugar de una zona protegida y llena de turistas puede representar un gran riesgo.
Y sí, ese peligro se hizo evidente. Según dijeron autoridades y funcionarios del lugar, una menor habría sido atacada allí por un cocodrilo el pasado 20 de julio, cuando jugaba en una ciénaga. Por fortuna está a salvo.

Los hechos siguen siendo confusos. Pero, mientras esta investigación avanza, los biólogos del lugar, sin desconocer el drama que esto supuso para una familia de la región, están complacidos porque estos animales volvieron a la zona luego de muchos años de ausencia. Allí debería de haber miles. Al fin y al cabo es su hábitat y los humanos deben respetarlo, no invadirlo.

El entusiasmo se debe a que se han avistado trece, en zonas como Los Naranjos, Cañaveral, Arrecife, El Cabo, Cinto, Gairaca y Chengue.

Regresaron desde el mar, tal vez mientras buscaban lagunas costeras o madreviejas donde pudieran refugiarse, tener alimento y sitios para anidar. Es un indicador positivo del buen estado de la zona de reserva, pero también un reto porque, de no mantenerse las buenas condiciones ambientales, pueden huir.

Más de una decena de individuos en una misma área protegida es un número importante en esta época, en que el Crocodylus acutus, como se llama científicamente al caimán aguja, ha sido incluido en la lista negra de los animales en peligro crítico de extinción, según el Libro rojo de reptiles de Colombia.

Hace parte, además, del Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (Cites, por su sigla en inglés), que reúne a aquellas que están expuestas al mayor grado de riesgo en el mundo.

Aunque la caza del caimán aguja se prohibió mediante la Resolución 573 del 24 de julio de 1969, expedida por el desaparecido Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), la ley llegó tarde y poco o nada se respetó.

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