martes, 5 de agosto de 2014

Buenos polvos, escritos en el ADN / Sexo con Esther

Las ganas que otras personas le despiertan o las que usted despierta en alguien no estarían en la mirada seductora, en las curvas seductoras, en la chequera o en eso que llaman química.
Según un reciente estudio, el deseo de compartir la cama con alguien responde a una impronta genética presente en los dos miembros de la pareja. Mejor dicho, los buenos polvos están escritos en el ADN.
A esta conclusión llegaron en el Laboratorio de Análisis Genético del Hospital Beilinson, en Israel, que analizó genéticamente a 1.500 parejas. Encontraron que las más estables y con hijos compartían genes del complejo HLA que las hace compatibles desde el plano orgánico. En contraposición, cuando los conflictos, las diferencias y líos judiciales eran frecuentes en las parejas, había más diferencias en este tipo de marcadores.
Estos resultados, recogidos por el American Journal of Reproductive Immunology, confirman la teoría publicada hace unos días en la revista American Sociological Review, en el sentido de que la similitud es una fuerza más poderosa que el dinero, cuando se trata de atracción y de goce en las relaciones.
De acuerdo con los autores de esta última investigación, los hombres de billeteras robustas se unen con mujeres pudientes, los académicos con mujeres de corte intelectual y los atractivos con mujeres bonitas. Esa tendencia natural, por supuesto, se refleja bajo las sábanas.
Claro, nadie duda que en ocasiones puede haber disparidades que permiten orgasmos épicos, pero los estudios también dicen que este gusto se agota rápidamente y que poco a poco se encuentra más júbilo viendo una partida de ajedrez que en el aquello.

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