El avión alcanza los 30.000 pies de altura, se estabiliza, y por los altavoces una voz dicta, autoritaria, que todos los pasajeros deben cerrar las persianas. Nadie entiende aquel absurdo mandato, pero todos obedecen. Adentro, en esa noche aparente, de repente una mujer se para frente a la cabina y empieza a tocar música electrónica.
Entre la confusión del estruendo que sale de los parlantes ubicados en los espacios destinados para las maletas y el bombardeo frecuente de las luces de colores disparadas desde todos los ángulos de la aeronave, los pasajeros reciben a tientas el vaso de whisky que las azafatas pasan ofreciendo.
Aunque parece un sueño posible, se trata del primer vuelo internacional de la aerolínea de bajo costo Viva Colombia con destino a Ciudad de Panamá. El primero de agosto, la empresa inauguró esta nueva ruta que saldrá todos los días desde Bogotá y los días lunes, miércoles, viernes y domingo desde Medellín. El precio por un tiquete ida y vuelta será de 198 dólares, cifra que a los pasajeros todavía les cuesta creer, pues hace apenas unos meses los tiquetes alcanzaban los 625 dólares en otra aerolíneas.
"A eso lo llamamos el efecto viva. Con nuestra bajada de tarifas las demás aerolíneas bajaron sus tarifas promedio, el mercado creció y nosotros nos hemos quedado con el 55 por ciento de ese mercado", cuenta Juan Emilio Posada, presidente de Viva Colombia.
Inadvertido, como un pasajero cualquiera, Posada recorre el pasillo del avión saludando a todos los pasajeros. Incluso ayuda a las azafatas a recoger los vasos y la basura. Mientras tanto, las persianas se abren y todos, expuestos al resplandor, incapaces de volver a la realidad de manera tan abrupta, hacen la mueca habitual que produce el encuentro repentino con la luz. "Duró muy poco, la mejor y las más corta fiesta de mi vida", decía atrás un pasajero que viajaba por primera vez con la aerolínea.
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