martes, 5 de agosto de 2014

El bogotano que ganó oro en la tierra del kung-fu

Cuando Pablo Martínez terminó su presentación en la ronda final de la categoría kuan dao del Campeonato Mundial de Kung-Fu, el 26 de julio pasado, hubo una discusión interna entre los jurados. Después de haber descartado a 150 participantes, la mayoría chinos, el colombiano quedó entre los dos mejores, ¿pero sería el primero?
“Yo lo había hecho más corto, pero más rápido y fluido. El otro había mostrado más movimientos, pero los había hecho muy lentos”, recuerda. Y había una consideración más: “Tenían que pensárselo mucho antes de darle el oro, por encima de un chino, a un colombiano en un arma tan emblemática como el kuan dao”, dice el bogotano sobre este sable largo que es considerado una de las armas más importantes del kung-fu y una de las más representativas en la mitología china.
Después de dos horas de deliberaciones de los jueces, todos ellos miembros de la Organización Mundial de Kung-Fu –creada por las diferentes federaciones y universidades de ese arte en China y en el mundo–, le entregaron el oro a Martínez, haciéndolo campeón mundial de kuan dao.
Pero hubo mucho más durante su paso por el campeonato, al que asistía por primera vez. Un día después se llevó la medalla de plata en la categoría bianze, el arma más mortal del kung-fu. Es un látigo de cuatro metros que está formado por una cadena de metal, y en cuya punta tiene un tejido de hilo grueso. Para manejarla se requieren años de entrenamiento y habilidad, pues genera una velocidad tal que corta el viento y hace un ruido explosivo y saca chispas cuando toca el suelo.
Pocos la pueden manejar. Esa es una verdad en China. De hecho, para esta categoría Martínez compitió solo contra 17 personas y fue el único extranjero. “Estaba muy nervioso de hacer el ridículo ante tantos chinos, que tienen el cuerpo hecho para hacer kung-fu. ¡Pero me fue bien!”, dice. Aprendió a manejar esa compleja arma hace solo 11 meses, cuando pisó Pekín persiguiendo la historia del kung-fu y logró conocer a los grandes maestros.

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