“Muchos de estos chicos usan pañales por miedo de que tomarse un minuto para ir al baño afecte su desempeño”. Con esa frase Tao Ran, especialista chino en adicción, dejó en claro el estado en que llegan los jóvenes a los centros de rehabilitación de internet creados por el gobierno de ese país.
Hoy, son 400 los campamentos de corte militar repartidos en China que buscan sacar a los jóvenes de su dependencia de los juegos en línea.
Allí, los internos deben seguir una rutina estricta: levantarse a las 6:30 de la mañana, vestirse con uniforme, hacer ejercicios al aire libre, estudiar y asistir a terapia psicológica. A las 9:30 de la noche ya están acostados. La “heroína electrónica” –como le llaman en China a esta adicción– es considerada una de las principales amenazas para la juventud en Asia.
Para salvar a sus hijos, los padres pagan 10.000 yuanes (cerca de 1.600 dólares o 2’960.000 pesos). Solo así los jóvenes pueden ingresar a estos campamentos, aunque eso tampoco es garantía de rehabilitación: el tratamiento es efectivo solo en un 70 por ciento de los casos.
Pero el problema no es solo chino. En Corea del Sur, el gobierno le entrega apoyo psicológico y consejerías a cerca de 2 millones de ciudadanos que no pueden dejar de jugar en línea. Y en Milán (Italia) se celebró en marzo de este año el primer congreso internacional dedicado a estudiar los efectos de la adicción a internet.
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