viernes, 4 de julio de 2014

Urgen más controles para regular venta de comida callejera

En pleno centro de San Victorino, un hombre zambulle pedazos de cerdo que se tuestan en una líquido hirviente, tan negro que es imposible ver el fondo de la olla. A su alrededor hay utensilios desgastados, sucios y su delantal se torna grisáceo, quizá, por la exposición al constante humo de los carros.
Por supuesto, el peligro no es platillo, deleite de muchos comensales, sino que el consumo de este producto en repetidas ocasiones puede ser el preludio de padecer enfermedades transmitidas por alimentos (ETA).
“Un aceite reutilizado se puede volver tóxico”, así lo explica el profesor del Departamento de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Jhon Jairo Bejarano, quien lideró un estudio sobre las condiciones en las que se están vendiendo comidas ambulantes en Bogotá.
Eso se hizo en el perímetro de universidades ubicadas en las localidades de Teusaquillo, La Candelaria y Chapinero, donde, según los investigadores, se concentran ventas ambulantes de alimentos en mayor número. “Solo se lograron entrevistas con 30 vendedores. Fue difícil, se resistían a contar detalles sobre su negocio”, explicó Bejarano.
Los hallazgos no son alentadores en temas de salud pública. “Encontramos que la mayoría de vendedores no tenían educación sanitaria para la manipulación de alimentos”, dijeron los investigadores, entre los que participaron varios estudiantes.
La ausencia de agua potable para lavar los utensilios, y hasta sus propias manos, convierte a los vendedores en fuente de enfermedades. “A eso súmele que no hay control de residuos orgánicos e inorgánicos y mucho menos separación en la fuente”, dijo el experto.

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