lunes, 7 de julio de 2014

Pelean contra la adicción a la heroína en Armenia

Mientras recorría las calles de Armenia Sara López* dejaba que extraños tocaran su cuerpo, así consiguió dinero por casi cuatro años. Se prostituía para pagar su dosis diaria de heroína mientras su novio robaba para mantener la misma adicción.
“Mi novio nunca se dio cuenta, creía que solo mendigaba y en las ‘ollas’ le contaban de mi trabajo pero él me decía que sí lo comprobaba, me mataba. Solo hasta que me vi barrigona, de cuatro meses, no deje de prostituirme, porque empecé a sentir que metería a mi hija en lo mismo”, relató Sara.
Su novio no alcanzó a conocer a su hija. Lo asesinaron y amaneció muerto en la silla de un parque. Desde ese día Sara espera pacientemente, todos los días, su turno en el dispensario del Hospital Mental de Filandia, sede Armenia.
Acude a este lugar para obtener su dosis diaria de 60 miligramos de Metadona, el medicamento que se ha convertido en piedra de la cual se agarra, para no volver a caer en el abismo de la heroína.
A pocos metros del hospital, en el centro de salud La Milagrosa, en el norte de la ciudad, Andrés Rojas* también reclama su dosis diaria de Metadona. Él es otro de los jóvenes que encabeza la fila de pacientes.
Rojas inició su historia con la metadona en el 2008, luego de un ‘torque’, como le llaman al síndrome de abstinencia, “ahí entendí la magnitud del problema en el que yo mismo me encadené, a una droga tan cruel como esa y dos veces me tiré el proceso recuperación”, lamentó el joven.
Las dosis de este medicamento son suministradas por el programa de sustitución con Metadona de la Secretaría de Salud del Quindío, que busca rehabilitar con esta medicina sintética que calma la ansiedad a pacientes que presentan adicción a la heroína.

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